lunes, 12 de enero de 2009

ENTREVISTA: PREMIO NÓBEL RAJENDRA PACHAURI (Diario El Pais)




A sus 68 años, Rajendra Pachauri permanece al frente desde 2002 del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU y dirige el Instituto de Recursos Naturales y Energía de India, en cuyo despacho, abarrotado de premios y medallas acumulados en su larga carrera en defensa del planeta y de los más pobres de la Tierra, recibe a EL PAÍS. El objetivo que persigue este economista indio es advertir al mundo sobre "los peligros que corre si no deja de abusar del planeta", para lo que prosigue una intensa agenda internacional, especialmente desde que le concedieron el Premio Nobel de la Paz (2007).


Pregunta. ¿Qué significa para usted desarrollo sostenible?
Respuesta.
Lo primero es garantizar que los recursos naturales que hemos heredado no son dañados ni reducidos, de manera que la próxima generación los reciba en mejor situación que la nuestra. Esto incluye aire limpio, agua limpia, tierra y bosques sanos y biodiversidad. La otra dimensión del desarrollo sostenible es dar oportunidades a la gente. No se puede mantener un sistema que sólo piensa en los ricos. Finalmente, es necesario volver a las esencias de India, donde todo se reutilizaba, y crear una nueva filosofía que ponga fin al derroche, tanto de los recursos naturales como de la energía.
P. ¿Cree que esa filosofía es aplicable a todo el mundo?
R.
Por supuesto. En el mundo actual las noticias viajan de un lado a otro con fluidez y si una parte vive de una forma desatará las aspiraciones de la otra. De ahí que debe haber una convergencia en los niveles de vida.
P. ¿Considera que Occidente aceptará limitar su consumo?
R.
Sé que es difícil pero será peor si no lo hace porque no se puede tener un mundo dividido. La brecha conduciría al terrorismo, a la ira, al resentimiento de los países más pobres por las dramáticas consecuencias que sufrirán por un cambio climático que no han provocado. La huida de la sequía y de la hambruna provocaría millones de refugiados.
P. ¿Quiere decir que la unidad es imperativa?
R.
Absolutamente, pero no significa que tenemos que renunciar a lo bueno obtenido a través del progreso económico. El reto es usar la tecnología y los precios, al tiempo que modificamos el estilo de vida. Ya hemos abusado demasiado de la naturaleza.
P. ¿Cuáles son las prioridades?
R.
Hay que cambiar los valores y la filosofía de la vida. Para España, por ejemplo, lo importante es el agua por la escasez que padece. España es también un importador de energía, y ambos problemas deben acometerse a un tiempo. En otros países, lo más serio es la contaminación del aire. Las prioridades deben marcarlas los Gobiernos pero debemos unirnos en la búsqueda de un nuevo modelo de consumo y producción.
P. ¿Cree que Occidente está dispuesto a cambiar sus valores?
R.
Pienso que sí. En los dos últimos años ha habido un enorme grado de concienciación entre los más jóvenes. Vamos en la buena dirección.
P. Usted culpa a la acción del hombre del desastre que padece la naturaleza. ¿Cómo puede reconvertirla?
R.
Con el uso eficiente del agua y la energía de su entorno. No a las duchas de media hora; no a los desorbitados aires acondicionados y calefacción; no a desaprovechar la luz solar; no al uso continuo del coche. Éstas son acciones individuales o en familia. A nivel industrial, también existe un gran derroche que hay que cortar. No es cuestión de renunciar a la buena vida sino de valorar y respetar la naturaleza y de compartir con otros seres humanos los recursos más básicos.
P. Usted propone comer menos carne...
R.
Sí. Es bueno para la salud del hombre y para la del planeta. Hay una gran emisión de gases de efecto invernadero en el proceso para comer un filete, que comienza con el alto consumo en pastos -lo que exige deforestación- y en agua que requiere criar una vaca y continúa por llevarla al matadero, guardar su carne en cámaras frigoríficas, transportarla y cocinarla.
P. Usted es vegetariano...
R.
Sí, pero no hace falta ser vegetariano, sólo hay que comer menos carne de vaca.
P. ¿Es demasiado tarde para el cambio climático?
R.
No es tarde para evitar la hecatombe. Soy optimista, pero tenemos muy poco tiempo para actuar.
P. ¿A que teme más?
R.
A que si no hacemos nada para frenar el cambio climático, los más pobres, que serán los más damnificados, no perdonarán a los países ricos. Habrá convulsiones y guerras porque se agravará la lucha por los recursos naturales, incluidos los del Ártico.
P. Ante la actual crisis económica mundial ¿Dónde invertiría?
R.
Si el mundo invierte lo suficiente en la investigación de las energías renovables se acabarían los problemas.
P. ¿Qué le pedirá a Obama el 21 de enero?
R.
Que cumpla todas sus promesas electorales, como crear empleos ecológicos. Ha ofrecido un mensaje de esperanza; que lo cumpla, porque tendrá impacto en todo el mundo.
P. ¿Qué opina del acuerdo 20 - 20 - 20 de la UE (20% de reducción de emisiones de efecto invernadero y 20% de aumento en energías renovables en 2020)?
R.
Es un buen comienzo, pero Europa puede hacer más. Los ricos deben pagar por el cambio climático porque son históricamente responsables de él.
P. ¿Cree que la respuesta china al cambio climático es adecuada?
R.
Hasta ahora China se ha centrado en un crecimiento económico como el occidental, pero hoy hay una gran reevaluación. Creo que en los próximos años veremos grandes cambios en China, que probablemente incluirán el uso eficiente de la energía y de los recursos naturales, así como el apoyo al desarrollo rural en lugar de a la urbanización masiva.
P. ¿Es por la crisis o porque Pekín ha llegado a la conclusión de que el modelo occidental está acabado?
R.
Al igual que en India, obedece a la demanda interna. Hace tres siglos estos dos países asiáticos eran las mayores economías, ahora parece que avanzamos hacia esa misma situación, pero hemos de hacerlo de forma responsable, sobre todo si hemos de servir de modelo a otros.
P. ¿A África?
R.
África no puede seguir de ninguna de las maneras la senda de Occidente. Si sus condiciones siguen deteriorándose no habrá un Ejército capaz de impedir la avalancha de refugiados sobre España. El mundo desarrollado tiene la obligación de acometer la rehabilitación de África.
P. ¿Debe la ONU emitir una Declaración de los Derechos del Planeta?
R.
Sin duda alguna. Ahora trabajamos en un acuerdo global sobre cambio climático que debería de estar listo a finales de año.
P. ¿Qué les diría a los que siguen negando este fenómeno?
R.
Trabajamos con transparencia y elegimos a los mejores científicos del mundo. Nuestros informes son aceptados por todos los gobiernos. Los escépticos del cambio climático deberían mudarse a otro planeta.


Fuente:



Muy clarito: cuidar el plantea, frenar el consumismo, utilizar los recursos econímicos de los que más tienen en beneficios de todos. ¡Fácil! ¿No?... ¿Será posible que...

domingo, 23 de noviembre de 2008

ENTREVISTA A TOMÁS ABRAHAM

Una entrevista para leer atentos, muy atentos...
Tomás Abraham, el pensador

Nació en Rumania antes del fin de la Segunda Guerra, se crió en Argentina y a mediados de los '60 se instaló en Francia para estudiar en la Sorbona. Hoy, trabaja en un proyecto político-cultural junto al gobernador de Santa Fe, Hermes Binner.

Tomás Abraham habla sin pelos en la lengua a través de distintos medios. Un diario, un programa de televisión, un ciclo radial o una página de internet le resultan igualmente idóneos para transmitir sus ideas. Su farol en la oscuridad tal vez sea el filósofo Michel Foucault, uno de los profesores que tuvo en los ‘60 mientras vivía en Francia. Sin embargo, no todo es filosofía en el universo de Abraham. Durante 20 años, estuvo al mando de Hilos Tomasito, la empresa que fundó su padre y que fue vendida luego de la crisis que atravesó el país en 2001.

En la actualidad, publica una columna política los sábados en Perfil, participa en los ciclos radiales de Víctor Hugo Morales y Mario Mactas –ambos, emitidos por Radio Continental–, asiste a programas de televisión cada vez que lo invitan –hace poco, estuvo en TVR y sus declaraciones causaron bastante revuelo– y escribe diariamente en su portal de internet y en su blog. Según dice, desea que el futuro lo encuentre enseñándoles filosofía a los paseantes en una plaza.

Tomás Abraham llegó a Buenos Aires en 1945, cuando tenía sólo dos años, luego de abandonar Rumania con sus padres. Se crió en el barrio de Flores y cursó la primaria en el colegio Sarmiento mientras en su casa aprendía húngaro y algunas palabras de alemán. Su paso por la secundaria fue traumático debido a su tartamudez; trataba de obtener la máxima nota en los exámenes escritos porque en las pruebas orales siempre le iba mal. Luego de un fugaz paso por la Universidad de Buenos Aires, Abraham partió a Francia para estudiar Sociología y Filosofía.

¿Por qué te fuiste a estudiar a Francia a los 19 años?
Yo estudiaba Sociología en la UBA en la época de la Noche de los Bastones Largos. Militaba en un grupo político de izquierda y todavía era apátrida (no era rumano ni argentino). Tenía un pasaporte especial para extranjeros y la policía me aseguraba que, si caía en cana por alguna persecución, sería expulsado del país. Eso se vivía mal en mi casa. Entonces, me fui a París. No sabía francés y no conocía bien la ciudad. Empecé a cursar la carrera de Sociología en La Sorbona en el ‘67.

En esa época, se vivían grandes conflictos políticos en Francia. ¿Eso se reflejaba en las clases?
Las clases eran apolíticas, anticuadas y burocráticas. Los profesores eran pésimos y los estudiantes pertenecían a una generación en que la militancia se había debilitado por circunstancias de la política francesa. Existía un grupo comunista totalmente desoído por los alumnos, los trotskistas eran una minoría y la actividad académica era soporífera.

¿Te aburrías, entonces?
No. Me conecté de inmediato con instituciones filosóficas que estaban a la vanguardia, como la École Normale Supérieure, donde daba clases el filósofo Louis Althusser. Aprendí francés a toda velocidad y estudié a Marx, a Foucault, a Lacan, a Derrida…
En 1968, participaste del Mayo Francés.Fue un evento enorme y lo disfruté muchísimo. Me involucré, salí a manifestar a las calles y descubrí a una juventud antes dormida que, bajo la tutela de Daniel Cohn-Bendit (un gran líder de 22 años al que admiré y seguí), propuso cosas novedosas.

Durante tus seis años de estudio en Francia, ¿visitabas Argentina?
Volví un par de veces a cumplir con la típica visita familiar. Miraba lo que sucedía acá y retornaba cuanto antes.

Imagino que el contraste entre un país y otro era fuerte.
En efecto. Aquí, el ambiente era muy careta. Los de mi generación parecían señoritos y señoritas bien vestidos y yo venía de vivir la época del ácido lisérgico, la contracultura y el hippismo. Si eso llegaba a Buenos Aires, llegaba como una cosa muy formal, como una imitación cholula. Además, en Argentina se vivía un clima de censura; por eso, no extrañaba y, cuando venía, deseaba volver cuanto antes a mi libertad.

¿Qué hiciste al terminar tus estudios en La Sorbona?
No quería quedarme en Francia. Luego de Mayo del ‘68, me encontraba en un estado de crisis “psico-urbana”. Entonces, me fui a Normandía –una región al Norte del país– y alquilé una casa de campo con el escritor Rafael Pividal, que había sido mi primer profesor en La Sorbona. Dábamos clases de Filosofía en la École des Roches, un colegio privado muy paquete. Además, cuando estaba sobrio, jugaba al fútbol en un equipo de la segunda división regional. Luego, en 1970, ya con ciudadanía argentina, me compré una combi y manejé desde Múnich hasta Tokio pasando por países como India. Ese viaje duró un año.

¿Cómo fue la experiencia de vivir en Tokio?
Me quedé sólo unos meses. Allí se podía vivir con bastante facilidad. Me mantenía enseñando inglés, castellano y francés. El problema era que me sentía en Júpiter: no entendía el idioma y estaba rodeado de personas que pertenecían a otra cultura, con lo cual debía crearme una suerte de microclima. En un momento, me quedé solo y no la pasé bien. Además, caí enfermo porque arrastraba un estado de debilitamiento orgánico muy fuerte después de mi paso por India. Me hospitalizaron y tuve que pedirles auxilio a mis viejos, que me fueron a buscar y me trajeron de vuelta a Buenos Aires.

Los gritos, el murmullo

Tras residir en distintas ciudades, Tomás Abraham encontró su lugar en Buenos Aires y poco a poco retomó los estudios y las ganas de escribir. Unos años después de su vuelta al país, fundó el Colegio Argentino de Filosofía y el Seminario de los Jueves, un grupo de aficionados a la filosofía que se reúne todas las semanas desde hace más de dos décadas y con el que publicó cinco libros (el más reciente es La máquina Deleuze).

¿Por qué decidiste quedarte a vivir en Buenos Aires?
Porque éste es mi lugar. Di muchas vueltas por el mundo y me sentí desarraigado. Ahora tengo mis raíces acá.

¿Te sentís porteño?
No, para nada. Me siento argentino. El porteñismo me da por las pelotas. Me molestan el machismo, el griterío, la fanfarronería, el compadritismo… Buenos Aires no es la mejor ciudad ni la más linda, pero es la ciudad en la que vivo.

En 2008, cumpliste 25 años al frente del Seminario de los Jueves, que definiste como “una conversación entre amigos”. ¿Qué es la amistad para vos?
Es necesario establecer una diferencia entre la amistad filosófica y la amistad tal como la conocemos. La amistad filosófica está en el origen mismo de la filosofía, que nació como una actividad que no se diferenciaba de los diálogos que concebía Platón. La amistad es un problema complejo y necesario. Tengo amigos y amigas. Comparto los temas más sensibles y angustiosos con mis amigas porque las mujeres se asustan menos que los hombres, que son más limitados y pudorosos.

¿Qué te lleva a escribir?
La escritura forma parte de mi vida. Escribo para expresarme y porque preciso sacarme las palabras de la cabeza. Todo el tiempo estoy pensando en qué voy a escribir y escribo para ver qué pienso. Estoy en una situación de permanente murmullo: investigo los temas que me interesan y estoy atento a lo que pasa alrededor. Como doy clases y conferencias, entre la escritura y el pensamiento se forma un entramado inseparable.

En tu blog, Pan rayado, publicás artículos sobre filosofía, sobre política y sobre cine. ¿Vas al cine con frecuencia?
No. Veo películas en casa. No necesito la pantalla grande, el pochoclo ni la oscuridad. Las películas que se proyectan actualmente no me interesan. En realidad, sólo voy al cine cuando dan algo de Woody Allen o de Francis Ford Coppola.

Seguís a cargo de una cátedra de Filosofía en el Ciclo Básico Común de la UBA. ¿Creés que la institución necesita una reforma?
¡No necesita nada! La UBA es como el Peñón de Gibraltar: se manifiesta frente a nosotros tal cual es. ¿La playa Bristol necesita algo? No. La UBA tampoco. La institución se ha convertido en un fenómeno natural. No necesita más o menos alumnos, más o menos profesores, no debe ser paga ni gratuita. La UBA es inmodificable. Si a alguien no le gusta, que funde otra cosa, el EVO o el UBO.

Bueno, ya existe la Facultad Libre de Rosario, en la que das clases.
Es cierto. La Facultad Libre es una entidad que invita a un cuerpo de profesores, escritores, cineastas y dramaturgos a dictar clases o comunicar sus experiencias sin ningún tipo de restricción académica, sin exigencias de tipo curricular y con una cuota muy baja (la propuesta está subvencionada por la intendencia socialista de Rosario).

¿Cómo fueron tus clases ahí?
A cara de perro y exigiéndoles a los alumnos que lean a Hegel y a Kant, como en cualquier otra institución. El problema es que no hay una devolución ni se piden monografías, con lo cual se les hace muy cómodo y fácil a los estudiantes –en definitiva, se trata de oyentes–. Es lógico que haya desventajas como ésa porque estamos hablando de una experiencia muy nueva en Argentina y en el mundo.

Plaza pública

“Pensar la actualidad no es una tarea científica porque en ella nada es previsible. Como decía Maquiavelo, la política es hija de la fortuna”, expresa Abraham. Actualmente, el filósofo se dedica de lleno a estudiar la política argentina y trabaja junto al gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, para formar una nueva alternativa de gobierno.

Estás en contacto con Binner desde hace tres años. ¿Lo asesorás en ciertos asuntos?
Aunque no soy su asesor, compartimos una mirada y algunos proyectos. Se trata de un hombre que me genera confianza y eso ya es mucho decir. Me agradan su modo de ver las cosas, su pensamiento y su proceder. Además, me obliga a profundizar mi visión sobre la política. De algún modo, él me asesora a mí porque está trabajando permanentemente en el terreno, enfrentando conflictos y buscando soluciones. Creo que esa experiencia enriquece la actividad intelectual.

¿Por qué dijiste, en su momento, que el conflicto entre el campo y el gobierno trascendía la coyuntura económica del país?
Argentina se encuentra sumergida en una crisis que va más allá de los conflictos económicos. Hay una corriente subterránea muy profunda, de carácter inconsciente, que afecta a la cultura y a la educación.

¿En qué sentido?
Me refiero a que los argentinos estamos de acuerdo y ése es el problema. Más allá de los quilombos, las puteadas, el griterío y la histeria, ¡caemos en picada todos juntos por el mismo tobogán! Algunos se enriquecen y muchos se empobrecen; unos sacan el dinero del país y otros lo pierden dentro. Los argentinos siempre nos ponemos en el lugar de la virgencita violada: fuimos despojados por Menem, por la dictadura, por Roca, por los ingleses, por los yanquis…

Néstor Kirchner utilizó ese imaginario.
Claro. Él vociferaba “¡¿no somos todo lo que podemos ser?!”. Creemos que somos un país rico, que tenemos de todo y que podemos ir a cualquier lado, pero que no nos dejan. Esa idea nos tira para abajo. Por eso hablo de crisis cultural y educativa.

¿Qué pensás de Alfredo de Angeli?
Si bien creo que tres Scioli no valen un De Angeli, dudo que surja algo del titular de la Federación Agraria de Entre Ríos. Se pasa de rosca y sólo piensa en su sector, no tiene una visión política nacional (no tiene por qué tenerla y él no presenta su discurso en esos términos). La gente necesita idolatrar a alguien, sea Dolores Barreiro o De Angeli.

¿Y por qué algunos sectores “idolatran” a De Angeli?
Él es un líder que logró tener muy buena comunicación con la gente. Se manifestó en forma muy abierta y lo que dijo contrastó con los discursos preparados, apócrifos y falsos de los políticos, de todos los políticos. Los del campo se decían “partícipes” de la riqueza nacional y decían que el gobierno estaba siendo injusto. Clamaron eso todo el tiempo y la gente los entendió porque fue una protesta auténtica. La gente vio que del otro lado mentían, inventaban hospitales, decían que la soja nos envenena, que había golpistas por todas partes.

Ahora, “el campo” se está organizando para formar un partido político.
Insisto: ellos sólo buscan defender sus intereses. No impulsan un pensamiento político nacional. Para eso, hacen falta dirigentes políticos y sociales y que las instituciones y el congreso funcionen. Me pareció saludable este conflicto para ponerle un límite a la soberbia impostada del gobierno. Hace cinco años, no se sabía quiénes eran y ahora se consideran los monarcas de la política en Argentina.

Hay quienes aseguran que en la actualidad sólo el peronismo puede gobernar este país. ¿Qué opinás?
Eso no tiene ninguna importancia. Hay que dejar de lado las etiquetas. Los políticos que conocíamos tuvieron malos resultados. Por otra parte, la estructura peronista es gremial. Sin gente como Moyano, ¿qué es el peronismo?

Dictás clases en Rosario y tenés proyectos en común con Hermes Binner. ¿Te parece que puede surgir un cambio desde Santa Fe?
No, eso es casual. He ido durante mucho tiempo a Rosario y no me resultaba muy simpático. Esa especie de “guevarismo” polvoriento y la nostalgia “menottista” no me gustaban. No soy de ese palo. Lo conocí a Binner, por una circunstancia azarosa, en la provincia de San Luis. Luego, tomé contacto con los socialistas y con la gente de la Facultad Libre de Rosario.

¿Cómo ves a los medios tradicionales en relación con internet?
Internet es una herramienta de información y expresión infinita. Los medios convencionales –la radio, la TV, los diarios– están muy pobres: cuando consiguen alguna excitación por la crisis del campo o por algún crimen, no ofrecen mayores cosas que despierten mi interés. Creo que los medios pueden tener distintos usos. Yo los uso para pensar y, por eso, no me importa lo que me digan sino lo que yo haga con eso que dicen. En internet, no me divierto ni navego; para mí, se trata de una herramienta para nutrirme de información y escribir.

Has sido invitado a varios ciclos televisivos (el de Chiche Gelblung y el de Luis Majul, entre otros). ¿La TV te excita o te genera miedo?
En la televisión me siento tan cómodo como acá, en mi estudio; es decir, hablo libremente y digo lo que pienso. Quizá a veces me precipito porque sé que la televisión maneja tiempos muy cortos y de repente tengo mucho para decir.

Hace poco, te invitaron a TVR y expresaste tu enojo con respecto a un informe. ¿Por qué vas a los programas de televisión masiva?
Mi trabajo filosófico consiste en pensar lo más rigurosamente posible y los canales son varios: escribo en libros, en diarios y en mi portal de internet y también me expreso cuando hablo en las entrevistas (sean radiales, televisivas o escritas). Un día, me sentaré en una plaza y les daré clases de Filosofía a los que pasen.

sábado, 25 de octubre de 2008

Los ojos de la Memoria

Los sucesos más maravillosos de la vida de un hombre ocurren cuando este menos los espera. Jujuy, el sábado 25 de Octubre, fue sede de un movimiento histórico a nivel nacional e internacional: la Constituyente Social. Dentro de las Aulas de Facultad de Humanidades, más específicamente, del aula “Paulo Freire” (nombrada en honor al gran pedagogo brasilero), brillaban, al fondo de la sala, dos cabezas cubiertas por pañuelos blancos, suspendidos sobre más de treinta años de lucha y dolor. Una de ellas, Celina Coffman, “Queca” para los amigos, se entregó en alma y piel a los periodistas presentes ese mediodía.
No más de 1,65 metros de humanidad albergan en su interior la fuerza y el coraje de toda la humanidad. Su rostro, teñido de piel arrugada por lágrimas fugitivas del olvido, era iluminado por una boca cansada ya de gritarle al mundo su injusticia a la cara.
Incansable héroe de la memoria, Queca vive sus días inmersa en la más comprometida militancia política, aquella misma militancia que condenó su hijo a la desaparición física y la eternidad espiritual. “los niños desamparados son los desaparecidos de hoy”, es la máxima que enarbola la constante lucha social que emprende colaborando con diversas agrupaciones, con el fin de llevar pan a la boca de algún niño de nuestro ajetreado país, concientizando al mundo de que “el hambre es un crimen”, como ella misma lo dice con insistencia.
En su cuerpo encarna la lucha de más de 30.000 “rebeldes”, “disidentes del sistema” que, ni siquiera, tuvieron derecho a una muerte digna, a un juicio que los sentenciara, porque seguro “algo habrán hecho”.
Hacer algo por un mundo distinto vale más que acomodarse en medio de la farsa de la vida y ver pasar de lado el hambre, la opresión y las desigualdades de este sistema. Celia lo sabe muy bien, y hoy, con sus millones de años a cuestas, desarraigada de su descendencia, recorre el país militando en lo que fue el sueño de su hijo, sus “treinta mil hijos”, como ella misma lo dice.
“La creación de un tren bala, la preocupación por los intereses económicos extranjeros, y la constante sucesión de gobiernos neoliberales impiden la construcción de un mundo distinto”, exclama mientras sus ojos reflejan las ansias de despertar una mañana y encontrar la igualdad social gobernando este planeta.
La memoria es contagiosa, y los empolvados “dueños” de la verdad lo saben muy bien. Por alguna razón las paredes de su provincia se pintaron de verde oliva, con graffitis que rezan “Videla volvé, te perdonamos”, o con amenazas a esta Madre de Todos los Desamparados. “El aparato represivo está intacto, están listos para actuar, como siempre, de una manera cobarde, desde las sombras, como cuando les tocó pelear en Malvinas y mandaron a los chicos mientras ellos se metieron abajo de la cama', sostuvo esta reconocida militante social en declaraciones para el medio Info 341, de la Provincia de Santa Fe.
“Es necesaria una organización que promueva un cambio del modelo de país para lograr el sueño de nuestros treinta mil hijos”, declaró mientras pisaba la colorida tierra de nuestra provincia, tierra con aires de burguesía y sabia en desigualdades, represiones indígenas y etnofobia.
Por principio general, las entrevistas de semblanzas no se realizan en primera persona, ley, como tantas otras, que estaré orgulloso de irrumpir en esta ocasión.
Intenté agradecerle lo realizado por la historia de la Argentina, porque su coraje es la inspiración de los que hoy sueñan con el destierro de la propiedad privada, pero las lágrimas sólo me permitieron balbucear unas tibias palabras.
¿Les dije ya que la memoria es contagiosa? Eso pasa porque las heridas del alma tardan mucho en cicatrizar, quizás demasiadas eternidades y, en ese instante mágico, cuando la entrevista comenzaba a transitar su cenit, cometí un gran error desde el punto de vista periodístico, pero uno de los grandes aciertos de mi vida: miré al sufrimiento a los ojos. La mirada de Queca, en su profundidad, oculta la resistencia al olvido que se hace carne en sus discursos. El brillo del dolor, renacido en las fuerzas con que hoy sus pies dejan huellas indelebles en la historia de nuestro pueblo, penetraron mis pupilas, cercenándome el corazón. Los ojos de la memoria destellan el dolor de una herida que no cierra, de un sufrimiento muy personal, que es sólo de Celia Coffman, pero a la vez es de todos.
La entrevista, precozmente, llegó a su fin. No pude hablar más. Me abrazó y me dijo “gracias a vos, por estar hoy acá, por ser uno de nuestros treinta mil hijos”.
Sigo llorando, no sólo con lágrimas, sino también a través de estas palabras que hoy otros ojos leen, y ojala también se les contagien la memoria.
Esta no era la primera vez que las injusticias del mundo me obligaban a llorar. Lamentablemente, sé que tampoco será la última. Un camino de lágrimas me condujo de regreso a mi casa. Me sentía un poco mas vivo, un poco más muerto, un poco más “yo” y un poco más desaparecido.

Especies en Extinción (Juan Pablo Alba, Cintia Sanchez)


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